Mis alumnos me vuelven loca

Crónicas de una docente de media. Fabiana Godoy Di Pace

sábado, 17 de septiembre de 2011

Las malas palabras

Yo también quiero decir malas palabras. Eso les dije a mis alumnos. ¿Por qué no? A mí me formaron con la pedagogía crítica, que somos todos iguales, que hay que valorizar los saberes del alumno y comunicarse en su sintonía. ¿Por qué no puedo si ellos lo hacen? Mucha pedagogía crítica, mucho estar en contra de la pedagogía bancaria, mucho rescatar los conocimientos de los chicos, sus valores y necesidades... ¡Y yo no puedo!!!! ¿Donde está la igualdad?-les dije. ¡No es justo! ¡Yo también necesito exteriorizar mi ira! ¡Pero no puedo! Porque, claro, los adultos somos seres pensantes, con control mental y una paz interior a prueba de cualquier joven que coma en el aula con cuchillo y tenedor en el aula sin permiso, mire un partido de futbol por su mp4 sin permiso, interrumpa el desarrollo normal de la clase, no se interese por el francés entonces hable todo el tiempo a los gritos con los demás de cualquier tema, se suban a los bancos, se pinten las uñas, contesten groserías e insultos.
Pero claro, yo no puedo. Si insulto me echan ellos mismos, pues son ellos los que te denuncian a vos, adulto, si dejaste de comportarte como un señorito inglés.
Ustedes dirán, con respecto al párrafo antepenúltimo ¡qué desastre de profesora que no los motiva! Pero no, aclaro, eso me pasó todo junto en una bienvenida a mi primer día de clase. Ahora ya manejo mejor (por suerte para mi supervivencia) el tema motivación. Lo que sí, algún mal educado lanza alguna cosa fuera de lugar, a veces, y me pregunto ¿por qué yo no puedo? O ¿será que no impongo respeto? La culpa es mía, siempre mía, mea culpa, mea culpa. Yo estoy obligada a dar el ejemplo, claro.
Pero quiero que haya igualdad! ¡Cuantas veces ante la impotencia de estar frente a los padres que te quieren escribir una carta al ministerio por haber bochado a su hijo uno quisiera salirse de los estribos y cantarle en criollo las cuarenta. Pero no, no puedo.
Así, los docentes en tanto líderes soportamos una serie de abusos de seres imperfectos que quieren que nosotros seamos perfectos. ¿Para qué quieren que seamos dóciles y perfectos? Para seguir siendo ellos los portadores de todos los derechos frente a un docente cada vez más empequeñecido, dócil, callado y sumiso porque no sabe -o teme- qué violencia social escondida hay detrás de cada alumno.
Mientras tanto, a hacer yoga.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Aplicar la psicología

Hola a todos! paso a detallar una nueva anécdota. Hoy, realmente, fue muy duro. Tuve que brindar una contención que no sé de donde me nació.
Resulta que salió el tema de la muerte, en mis clases con los jubilados. Y un abuelito se puso a llorar tras recordar la carta que su esposa le dejó a una difunta amiga, sobre su tumba.
Yo venía cansada, tras tomar los tres colectivos que tomo para llegar al colegio. Y venía de una mañana de tramites y una tarde en primaria (si, si, en primaria, donde de vez en cuando hay que pegar algún grito, y tenemos que controlar que no se cuelguen de las paredes). Tengo 3ro y 4to grado y son divinos cuando juegan, participan, cantan conmigo en francés y aprenden las lecciones. Pero son como la... ¿cómo se llamaba esa sustancia que le absorbía la energía a Superman? KRYPTONITA!!!!!!!!
Esos son los alumnitos de primaria: kriptonita!!! Son como una gran maquina chupa energía.
Realmente, además de subir y bajar de colectivos continuamente, me acerqué a esa sustancia poderosa y quedé frita. Pero todavía me faltaba la nocturna de adultos!!!!
Así fue como fui a ver a mis queridos jubilados. Y no sé cómo salió el tema de la muerte (porque juro que sigo un libro, el antiguo Sans Frontières fácil de conseguir usado).
Les dije que el cielo existe, que sufren más los que se quedan que los que se van, que lo doloroso es que siempre queda algo para decirle al que murió y les hablé de la impotencia que a uno le queda por no poder hablarle todas las cosas que le quedaron a uno en el tintero.
Pero también les dije que la vida es un proceso siempre inacabado, que siempre nos va a quedar algo por hacer, que nunca se termina ni se llena la falta, porque siempre falta algo por hacer. Porque siempre queda una cuenta por pagar, algo por decir, algo por comprar... Deseo, falta, búsqueda y proceso. Somos un proceso inacabado. Por eso uno debe sentirse orgulloso y satisfecho con lo que hizo, para irse con la conciencia tranquila, en paz y con plenitud. Porque cuando nos vamos, alguien desde arriba nos dice: "está bien, ahora le toca a otro cumplir tu rol en este gran teatro donde sólo somos actores de reparto".
Vivir, amar, morir. Quizas la razón de nuestra existencia la encontremos en ese último segundo.
Siempre me pregunté ¿qué sentido tiene la vida?
Y debo confesar, sinceramente, que me lo responden cada día, con su mirada, mis seres queridos (entre los cuales están mis alumnos, que me vuelven loca)

viernes, 2 de septiembre de 2011

Los jubilados

Enseño francés a jubilados en una escuela nocturna y cometí el error de darles mi celular.
Resulta que ellos son la antítesis de un alumno promedio de los colegios argentinos. ¡Te retan si faltas!
¡Se enojan si no vas! Me llaman por teléfono y me dicen de todo. Encima tuve la mala suerte este año de tener: gripe, angina pultácea, gastritis, enterocolitis (todas ellas debidamente justificadas por el Rawson) y un accidente de colectivo. Si, si, me caí al bajar y de repente no sentía el tobillo.
Cuando fue ese golpe lo primero que se me vino a la cabeza en la 9 de Julio fue "¡Los jubilados!" (porque ya no quería faltar más y porque sabía que se me venía una oleada de llamadas telefónicas con comentarios de los más diversos. Sobre todo lo que me enloquece es la demanda continua y constante: ¿por qué hace esto? ¿por qué no viene? ¿por qué? ¿por qué?
Se la pasan quejándose por todo: el frío, las escaleras, las aulas, el ruido, el silencio, que no hay maquina de café, que la Alianza está muy cara, etc.
Lo que sí, ya recorrieron Europa más de cinco veces ¡Hasta conocen Turquía y viajan a Asia!
En mi caso, que sólo conozco Colombia y Uruguay por motivos personales, trato de pasar desapercibida.
Para remediar esta asimetría socioeconómica, los lleno de temas difíciles, tipo el pasado del subjuntivo, el passé simple y el anterior y ejercicios de gramática bien piolas con subordinadas. Así, los mantengo entretenidos y no chistean. Me manejo con un libro de 6to nivel, pues los viejitos la tienen clara con el vocabulario y trato de hablar temas amenos, porque más de una vez se han trenzado en clase.
Un par de veces salió el tema política ¡nunca más! casi se matan por defender un partido y su voto.
Se pelean por el asiento y la ubicación cuando vemos una película. Y, por mucho que estemos en Barrio Norte, son más chiquilines que los niños y cuando se pelean se gritan como si estuvieran en la cancha.