Mis alumnos me vuelven loca

Crónicas de una docente de media. Fabiana Godoy Di Pace

sábado, 11 de agosto de 2012

La hora cátedra = 4 o 5 horas de 45 minutos


“Un docente de escuela media en Capital que recién empieza cobra $165,90 la hora cátedra y otro con siete años de antigüedad $ 187,70 y así va aumentando sucesivamente”.  Los que escuchan esta afirmación podrían pensar: “no está tan mal paga la hora”. Ahora bien, el ocultamiento de la problemática que permite el consenso social sobre dicha tarifa radica en la modalidad “hora cátedra”. ¿Qué es la hora cátedra? ¿Es una hora reloj?
Absolutamente no, para nada. Y aquí se encuentra la dificultad y la síntesis de un concepto que da por sentada la desvalorización primordial en la tarea docente. Es tan tácito y pasa tan desapercibido que oculta el tiempo real de la labor.
Una hora cátedra en realidad equivale a cuatro o cinco horas de 45 minutos cada una por mes, puesto que se denomina hora cátedra a una porción de tiempo mensual que se repite una vez por semana. Por ejemplo, si un docente tuviera una hora cátedra los días lunes, la cuenta daría $41,47 o $33,18 por hora de 45 minutos según la cantidad de lunes que tenga el mes, cuatro o cinco. Con lo cual, habría que dividir esos $165,90 por 4 o 5. O sea que, para estar al frente de un grupo de 30 o 40 alumnos y enseñarles a cada uno de ellos cotidianamente, en realidad, un docente que recién se inicia está percibiendo alrededor de 33 y 41 pesos por 45 minutos y otro con la mayor antigüedad apenas llega a los 65 pesos la hora de trabajo real.
A ello, hay que sumarle las horas no pagas que trabaja en su casa planificando, corrigiendo, instruyéndose, investigando y los cursos, capacitaciones y posgrados que realiza para perfeccionar su tarea y su ser. Porque de eso se trata, de ser. Un docente no es simplemente lo que hace sino lo que es. La mejor forma de enseñar ejemplos de conducta tales como disciplina, amor al trabajo duro, vocación, horas de estudio y ejercitación, respeto, responsabilidad y dedicación es viviendo los valores, experimentándolos en carne propia.
Enseñar no es una labor despersonalizada y mecánica. Los docentes están frente a seres humanos en proceso de formación. Con serias necesidades afectivas, problemáticas de toda índole, carencias no solo económicas y familiares sino, por sobre todo, cognoscitivas. Un alumno con padres ausentes o carenciados no tiene a quién recurrir para seguir haciendo sus tareas en casa. Ni qué hablar de un alumno con padres alcohólicos, desocupados o indigentes.
Pero la solución no es facilitarles el proceso de aprobación. El lema del nuevo tipo de evaluación de hoy es “que no repitan, que se acabe la repeticencia” –y que, de alguna manera un “todo vale”-. Eso no es hacerles un favor. Eso es condenar a las generaciones futuras a la ignorancia. Hoy más que nunca debería exigirse más y volver a generar una cultura del esfuerzo y el trabajo duro. Es innegable que los que están excluidos del sistema no cuentan con las herramientas necesarias para progresar en la escuela. Pero ya se les ha dado netbooks, los docentes de hoy parecen más asistentes sociales que instructores, se ha humanizado sobremanera la protección al alumno. Ya es hora de volver a la revalorización docente, que su palabra valga en cada nota y en la disciplina que imponga, en el buen sentido, inculcada por líderes democráticos. El amor no es libertinaje. El amor es también rigor y esfuerzo. Una pareja no se fortalece sin trabajo mutuo. Nada, en la vida, se consigue sin trabajo. 

Fuentes: grilla salarial sindicatos docentes