Mis alumnos me vuelven loca

Crónicas de una docente de media. Fabiana Godoy Di Pace

domingo, 14 de octubre de 2012

La toma al día de hoy en los colegios no afectados directamente


Los estudiantes secundarios decidieron “mayoritariamente” continuar con las tomas hasta nueva asamblea del miércoles por la mañana. “Estamos en una situación crítica, no hay manera de que algunos logren escuchar argumentos que no provengan de la CEB y que elresto de los jóvenes -la mayoría- se acerque a la escuela a plantear su posición, quienes lo hicieron fueron despreciados, ninguneados y hasta burlados, hubo casos de chicos que se fueron llorando de la última asamblea”, explica la docente de un bachillerato que se solidarizó con la coyuntura. 
Según informó el Ministerio de Educación, por cada día de toma se sumaría un día más de clase. Sin embargo, al ritmo que suceden los acontecimientos ya no queda posibilidad de recuperar el tiempo perdido. Se va a respetar el Estatuto docente, terminando las clases a más tardar el 28 de diciembre, pues el mismo impide terminarlas en febrero como darían los cálculos.
Lo preocupante es que los alumnos siguen creyendo que el ministro de Educación los va a atender el martes siguiente y que, en caso contrario, estárían dispuestos a continuar la toma. A las autoridades les llegaban unos comunicados y los jóvenes manejaban otra información. De allí su desconfianza e incertidumbre. “Quieren que en las convocatorias participen los estudiantes y sólo creen las notas si vienen firmadas por Bullrich”, contaba una docente. “Por las dudas seguimos”, afirmaba un alumno, “no sea cosa que nos desmovilicen”.
La jornada prevista para el 11 de octubre era informativa y no consultiva acerca de los lineamientos de la ReformaResoluciones 84 y 93 del Consejo Federal de Educación. La próxima, un poco tarde, política y estratégicamente mal planificada por el gobierno, sí tendrá carácter deliberativo para padres, alumnos y docentes. Pero ya están caldeadas las aguas. Tendrá lugar el 5 de noviembre.
Se aclaró que los únicos exámenes que se deben tomar son los previos, sin suspensión de clases. Por lo tanto ya  no existe posibilidad de recuperación en la instancia de diciembre. Sin embargo, corren el riesgo de perder el año. Los docentes se preguntan, “¿cómo se va a evaluar a los que deben materias? Por lo visto, van a ser muchos los que estén en esta situación”.
Los estudiantes secundarios de escuelas públicas de la Capital protestan porque el cambio curricular fue “inconsulto”.  Decidieron tomar las escuelas porque desde principio de año han realizado marchas, cortes de calle y petitorios creyendo que el cambio tendría lugar solo en colegios técnicos. Pero recién en Agosto se enteraron que afectaría a todas las escuelas secundarias. “El gobierno nos ha ignorado y nos vemos obligados a una medida más fuerte que es la toma de los colegios”, explica un vocero del Centro de Estudiantes. 
El cambio curricular reduce horas en las especializaciones y la homologación de títulos “deteriora la formación de las escuelas artísticas y técnicas”, explican.
Por lo pronto reina la incertidumbre en un lugar de trabajo donde los docentes deben ingresar a firmar el presente y mantenerse al margen. En los colegios pueden ingresar todo tipos de invitados, desde partidos políticos hasta personalidades que se ofrecen a dar las charlas. Mientras tanto, los docentes se preguntan: ¿Para qué estamos? Los directivos leen y contraleen comunicados, se contradicen, se enervan, generan debates con los docentes porque ni ellos mismos saben cómo proceder. En las reuniones se pacta ingresar a las escuelas a dar talleres de apoyo y contención, luego baja de Supervisión una línea que prohíbe enseñar o, incluso, entrar.
Una docente se preguntó: “¿Será que quieren que esto ocurra para vaciar definitivamente la educación pública y generar argumentos privatizadores a futuro?”. Los datos concretos revelan que tras cada toma, en los colegios públicos se pierden vacantes. El deterioro de la educación pública, tras los 90, sigue en picada. 
El momento de la toma fue vivido en muchos colegios como un campamento, todos llevaron sus colchones y organizaron las tareas y comidas. Reinaba la camaradería, la solidaridad –entre ellos-, la reafirmación de su identidad joven, adolescente, en un marco de protesta y también, de idealismo y rebeldía. Lo cierto es que, al día de hoy, se empieza a ver un desgaste en los jóvenes que, después de todo, son menores de edad, adolescentes en etapa de crecimiento. Las preguntas que quedan son: ¿cuál es la responsabilidad de los gobernantes ante la vida de unos menores de edad que, educados en democracia, están en derecho de reclamar? ¿qué garantía tienen de no deteriorar su calidad de vida? ¿cuál es el ejemplo de acceso y participación democrática? No deben olvidar, las autoridades, que son ni más ni menos que el futuro político del país, unos niños con cuerpos de adultos que merecen el mejor de los ejemplos y el mayor de los cuidados.