Mis alumnos me vuelven loca

Crónicas de una docente de media. Fabiana Godoy Di Pace

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Tomas en los colegios secundarios: Cortazar

Crónica: “Escribir sobre las tomas de los colegios secundarios”
Fabiana Godoy Di Pace
Estoy aquí sentada intentando escribir una crónica. De chica me juré que sería escritora y este es mi momento. Nunca quise ser reportera porque cuando vas a cubrir declaraciones, en el tumulto de periodistas te apoyan y te tocan el culo. Además, cuando voy a cubrir una marcha me emociono y lloro. Siempre lloro. Por eso solo escribo notas sobre educación en un periódico barrial que me exige solo una nota por mes, más no me da el tiempo. Y elijo yo los temas, cómo y cuándo. Además, me doy el lujo de opinar. A veces mis notas hasta parecen editoriales. Pero me leen sólo los vecinos de Liniers. Y bueno, mientras tanto, me gano el pan enseñando comunicación y francés. Estudio, escribo y enseño. Soy profesora de seis colegios, uno de los cuales va a estar tomado por sus alumnos.
¿Por qué no escribir sobre las tomas? Me dije. Hoy  la escuela secundaria está en crisis, en pleno proceso de transformación. El Gobierno de la CABA lleva adelante la Nueva Escuela Secundaria (NES) y a partir de 2018, implementará en algunas escuelas piloto el Plan Maestro, que consiste en un sistema semipresencial en quinto año, con crédicos y pasantías subrentadas parte del macro plan de flexibilización laboral y baja en los costos de mano de obra. Se reformará estructuralmente a las escuelas secundarias. Esto se suma a la NES, que ya está dejando docentes en disponibilidad –nueva forma de despido y reubicación. Historia y cívica, por ejemplo, desaparecen. Se modifican las plantas orgánicas: los docentes deben concentrar sus horas en TP de 12, 18, 24 horas formando algo así como un cargo y asistir a una reunión semanal “taller de educadores”, donde generalmente no se habla de nada relevante, pero hay que cumplir horario. Teóricamente el cambio redundaría en mejoras en la enseñanza y en los aprendizajes de los alumnos. Lo cierto es que el proceso de privatización a la chilena ya está en marcha: comenzó con las evaluaciones por escuelas. La idea es generar un ranking de escuelas, las peores serán las más baratas. Todo esto generando previamente la premisa de su obsolescencia. Como ocurrió en los noventa con los servicios públicos, primero se convenció a la gente de que daban pérdida, luego se los privatizo. Con las escuelas va a pasar algo similar: primero se genera una conciencia en la población de que esto no va más, luego se insta a que todos colaboren un  poquito, con una ínfima cuota de ayuda a la educación y ¡pum!, el sistema ya está privatizado.
Tuve que hacer una nota para el periódico barrial este mes sobre el colegio tomado Yrurtia, de Mataderos, donde por suerte no trabajo. El ambiente allí es un horror. Cuando fui, las autoridades me echaron con amenazas. Si escribía que ellos estaban adentro durante la toma me denunciarían. Está prohibido que los docentes estén en un colegio tomado. Se cumple horario en otro sitio. Nadie me puede amenazar coartando mi derecho humano a la libertad de expresión. Sin embargo, me asusté. Soy muy asustadiza. Ninguno de los docentes de adentro me quiso dar ninguna opinión. La vice no me quiso dar su nombre. La alumna Jimena, del Centro de Estudiantes fue la única que me contó las razones por las cuales tomaban: oponerse a la reforma y lograr que se cumpla la ley de educación sexual. Luego, agregó que el otro día les había sonado la alarma de madrugada, activada por váyase a saber quién desde la calle y no supieron qué hacer. Eso fue todo lo que me contaron. Me quedé en la puerta del Yrurtia a ver si conseguía otro testimonio. No hubo caso. No pude escribir más que un par de párrafos sobre la toma.  No tenía nada.

Día 2
Estoy en sala de profesores tomando mate con los demás docentes del Cortazar, el colegio donde trabajo. Es jueves. Alguien nos avisa que el recreo se alarga porque hay Asamblea del Centro de estudiantes. Decidirán si toman. Nos miramos unos a otros y empezamos a emitir opiniones. “A los que más nos caga la reforma es a nosotros, y los chicos son los que están tomando las riendas. Con los facilitadores se destruye la carrera docente”, dice Maxi. “¡Gente vayan a las aulas que no pueden quedar chicos solos!”, entra la rectora gritándonos. El de matemáticas sale. Al rato vuelve. “Les dije que les iba a explicar algo y resolvieron que mejor bajaban a la Asamblea”. “Es mejor que participen”, subraya Cora.
En la Planta baja están todos los alumnos sentados al estilo indio, levantando la mano uno a uno, democráticamente. Se escuchan sus voces, gritos y murmullos.
Se decide la toma. Ahora sí. Intentaré escribir sobre el accionar de mis chicos. Los voy a seguir lo más cerca que pueda, desde mis posibilidades y mis limitaciones.

Día 3
El supervisor nos ordena que vayamos a firmar a la sede de Supervisión en nuestro horario. Por suerte, a diferencia de las otras dos tomas del 2012 y 2015, en las cuales me quedé sin vacaciones de invierno, ahora no tenemos que cumplir horario. Así que disfruto de mis merecidas vacaciones. Me voy al gimnasio o a nadar, me compro ropa, paseo. Sólo estoy trabajando en el liceo, el único que no tomó ni tomará. Los veo un rato a los chicos, me saludan y yo la llamo “la venganza del pendejo” porque sienten un orgasmo cuando me dicen que se posterga la prueba que hay reunión del centro.

Día 4
Hoy justo es la marcha. No fui. Como dije, no sirvo para eso. Recuerdo que cuando hice las observaciones para el profesorado, justamente en el Cortazar, las conclusiones a las que se llegaban era que se trataba de un ámbito para socializar, hacer amigos, conversar, sentirse reconocidos, formar parte de un grupo, aprender sus derechos y, por sobre todo, a luchar. Este colegio es un semillero de piqueteros. Los admiro. Mis chicos tienen más fuerza que yo para hacerse valer. El cambio que se viene está cortado con la tijera de quienes pretenden gobernar para pocos.
Pasé por mi secundaria durante la época de Alfonsín, recién salida la dictadura, por eso quizás me llama la atención su espíritu de lucha. Creo que mañana iré a visitarlos de paso que voy a ver a mi mamá. La primer mitad del año me la pasé yendo a las guardias cuando la internaron por la quimioterapia. Con su cáncer de estómago y colon, vi su cercana muerte de cerca. Quizás por ello, además de no estar trabajando, me siento en un limbo.



Dia 5
Esta mañana fui a llevar unas botas al zapatero, en el centro de Liniers y estaba nada más ni nada menos que el principal impulsor de la Reforma educativa, el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Larreta, en la esquina de Carhué y Ramón Falcón, en una visita relámpago al barrio. Lo rodeaban unas treinta personas en el stand con sombrilla y globos multicolores. Siempre el PRO me hace acordar al Pinocho de Colodi, la parte en que los humanos son llevados al parque de diversiones antes de convertirlos en asnos. Muchos lo felicitaban, la mayoría le sacaba fotos a él o con él.
Yo estaba comiendo uno yogurt de limón y no sabía con qué mano agarrar mi celular para lograr fotografiarlo y mostrárselo al grupo wattsapp de colegas. En un momento puedo hacerlo y lo comparto diciéndoles ¿Qué le pregunto? Quería aprovechar esa oportunidad para escucharlo de frente. “Nada”, me dice Maxi, “es como hablarle al verdugo antes de morir”. El resto no daba señales.
Me acerqué, pensé en una pregunta neutral. Estaba lleno de cámaras e inmediatamente me empezaron a filmar cuando me le acerqué. No era muy alto y era más feo en persona. Pero me miró a los ojos. Un ser mediático me estaba mirando a los ojos.
-¿Qué opina de la marcha de ayer? –atiné a preguntarle
-¿En qué sentido? -respondió seguramente a la defensiva por si se venía una réplica opositora
-Solo eso –le dije- ¿Qué opinión le merece?
-Estamos de acuerdo con que se manifiesten pacíficamente, pero no con las tomas
-¿La reforma la va a implementar igual?
-Si –afirmó.
-¿Va a escuchar a los chicos e informar cómo serán los contenidos?
-Ayer mismo los enviamos- y me miró con una sonrisa- La secundaria tiene que cambiar -sentenció.
Minutos antes se le había acercado un vecino para repudiar las tomas. No supe qué decir. Yo comparto que la secundaria así no va más. Pero también recuerdo que la decadencia comenzó con Desibe durante el menemismo y que durante estos últimos diez años no hizo más que empeorar. Lástima que el cambio venga desde el ala neoliberal. Se viene la privatización a la chilena, tal como Macri lo prometía en 2005 cuando se candidateaba, yo lo estudiaba en el profesorado. No me gusta para nada esto. La educación está en jaque.

Día 6
Estoy en el colectivo camino al colegio tomado. Tengo un poco de miedo. Entrar en una especie de no ley, que me vea alguien. Soy paranoica, si. Como los chicos algo de ternura me despiertan, les iba a llevar fideos y una caja de Bonobon, pero me acordé que los docentes tenemos prohibido darles alimentos a los alumnos por el Reglamento escolar: se llega a descomponer alguno, kilombo que se me arma.
En el colectivo, pongo atención a los viajantes. Hay una chica de no más de veinte años sentada frente a mí, con la mitad de los mechones de pelo verde y el resto de la cabeza rapada, aritos que son clips para las hojas. Me hace pensar en la adolescencia, en mi tesis de licenciatura sobre la adolescencia. En mi análisis semiótico del enunciatario adolescente de Los Simpson que hice hace veinte años. En mi promesa de trabajar con adolescentes, entender sus contradicciones, sus críticas a la sociedad y, por sobre todo, disfrutar de su mirada lúdica ante la vida y asistir a su segundo nacimiento. Porque Françoise Dolto dice que en la adolescencia se nace por segunda vez, pero en este caso, a la verdadera identidad. La identidad que se tendrá por el resto de la vida. Y a mí me fascina ese momento de elegir el primer empleo, la primera pareja y la primera asomada al mundo para cuestionarlo y elegir desde dónde pararse. Por eso quiero tanto a mis chicos del Cortazar. Si bien a veces los mataría porque estudian muy poco, les admiro su valor, su espíritu de lucha. Pichones de piqueteros-huelguistas-marcheros.
También en el bondi se ven colombianos llevan pilas de maples de huevos que compraron en Liniers a los bolivianos. No sé cómo pueden desayunar huevo y seguir comiendo huevos durante todo el día. Deben tener el colesterol por las nubes. Ya bajé. Ellos no saben que los voy a inspeccionar. Dios me ayude.

Dia 7
Voy por Condarco, la calle está repleta de centroamericanos que beben cerveza al ritmo de la lambada y la bachata, obreros que salen de los talleres clandestinos o de algún otro emprendimiento, negros con su oropel, linyeras con perros vagabundos, vecinos peruanos baldeando la vereda, un morocho arrestado por tres policías, la puta de siempre en la misma esquina solo que ahora está teñida de rubio, más gorda y con su culo más chato. Hay muchas negras cabezas teñidas de rubio y machitos cabezas con ese corte semirapado de los jerarcas nazis que está de moda ahora.
Cruzo la vía. En la puerta del colegio hay una gran bandera pintada con aerosol “colegio tomado, no a la reforma” y unas cuantas cartulinas que dicen “Le decimos no a la reforma antieducativa”, “Es inconsulta exigimos participación”, un afiche de Ademys proclamando paro el 22/9, “Macri gato”, “Por un protocolo contra la violencia de género”, “Luchando por nuestra educación”, “No a la presencia de fuerzas de seguridad en las escuelas”, “implementación ESI ya”. La puerta para entrar tras las rejas amarillas tiene una flecha para los que no son del colegio, hay que golpear, los vidrios están tapados con cartones.
Son las 16 horas. Me abre una jovencita con expresión de aburrida. Está haciendo la guardia en la puerta. Anota mi nombre y empiezo a buscar a mis alumnos. No veo a nadie. A la izquierda del hall hay una mesita con un TEG y un mate, borraron el cartel institucional del colegio y anotaron pautas organizativas sobre los turnos, hay cartulinas que detallan los nombres del “comité de seguridad”, “comisión de cocina” y el “comité de limpieza”, otro cartel dice “aportes necesarios”, que describe las donaciones. Se deduce que están muy organizados. Pero ahora hay pocos alumnos. Los delegados se fueron a la reunión de la coordinadora de base de los centros de estudiantes, el resto se fueron un rato a sus casas. Y a recordar que tienen casas. En eso se me acerca Feldman, mi exalumno que jamás leyó una página de lo que mandaba leer y terminé regalándole la nota para no verlo más en diciembre. ¿Cómo estás?, le pregunto. “Me quiero matar”, responde. ¿Qué te pasa? “No sé, no sé nada”. Me da la sensación que está como yo en un limbo. ¿Qué vas a estudiar cuando termines ahora quinto?, pregunta de docente preocupado por su futuro. “No sé qué hacer si psicología, diseño o arquitectura”. “Hace lo que quieras, le respondo, pero ahí vas a tener que estudiar”. Y le guiño un ojo.
Luego sigo caminando y me recibe Susana, la mamá de una alumna mía de periodismo, Camila. Ella se encarga de cocinarles. Veo la “cocina” improvisada con unas cuantas mesas, algunas pegadas a las paredes y otras que operan como mostrador. Están atosigadas de frascos (café instantáneo, leche en polvo, te, sal, etc.) y botellas de aceite, vinagre, cajas de fideos, bidones de agua vacíos y llenos, ollas sucias, pavas eléctricas, hornallas eléctricas. En una olla queda un resto de lo que comieron hoy: papoquia de arroz.
Me cuenta que el resto de los alumnos se fueron a sus casas a bañarse. En el patio tres ex alumnos juegan al futbol. A los ex alumnos les tienen prohibido quedarse a dormir. En uno de los arcos improvisaron una hamaca paraguaya donde un pibe se mece. Angeles, una vecina, está pintando un mural en la pared con unos alumnos. Otro grupito está lavando la parrilla oxidada porque esta noche comerán pizzas. Un par de chicas escuchan música con los parlantes de la escuela en el escenario. Hay mochilas tiradas y colchones, mucha ropa mezclada. Parece un campamento. “Profe mejor no suba, me dice Feldman, ese es el sector telo”, señalándome un hueco de la baranda de cemento que hace de palco.¡Chimi!, le grito a otro ex alumno que está peloteando. No me escucha. Le vuelvo a gritar. ¿Qué hacés? “No sé”, me responde. “¿Qué van a hacer después?, insisto. “No sé”, responde como si estuviera en el limbo.
Los pizarrones de la entrada operan como anclas de sentido: marcan las reglas de convivencia, imponen rutinas que los sostienen y prohibiciones. Un pizarrón escrito en tiza dice: “no drogas, pucho patio, no alcohol, solo duermen estudiantes, colillas al tacho, ensuciaste limpiá, puertas abiertas de 8 a 23, a las 23 no música, no pelota, no gritar”. Otro pizarrón lleva el cronograma de actividades. Sábado: 14h mural, 17h volanteada, 19h charla por la despenalización del aborto. Domingo: 17:30 reunión con la comunidad educativa. Lunes: 16 h comisión de género e identidad sexual, 18h volanteada. Martes: 14h Parque Centenario, 16:20 intervención en las primarias.
Cuando me estoy yendo, los de la puerta me invitan mañana a las 17:30 a la una reunión para toda la comunidad educativa donde decidirán si sigue la toma o si levantan todos los colegios a la vez, quedando en alerta. Me voy al gimnasio. Pero ahí no me puedo sentar a escribir porque es mucho el barullo de todos los que salieron de jugar su partido de fin de semana. Subo a la sala de máquinas y me siento en una para tomar nota de lo que me acuerdo. Algunos me miran de reojo. Ahora me enchufo al escalador.
Día 8
Es domingo. Me llega un wattsapp del grupo del Cortazar que informa lo que la Coordinadora de Estudiantes de Base ya decidió hacer durante la semana que viene. La asesora tutelar Lopez Oliva se expedirá por la causa que se extiende a todas las escuelas: las tomas podrían volverse ilegítimas ya que como figura legal no existen. Por su parte, los estudiantes pedirán al juez que se suspenda la aplicación de la reforma en tanto no haya colegios tomados. El lunes se concentrarán frente al Ministerio durante la primera reunión regional y presentarán un documento que explique por qué consideran que las medidas dadas por el Gobierno no son instancias de diálogo. Los alumnos deciden levantar las tomas en un cuarto intermedio todos a la vez para propiciar el diálogo. Por ahora, entramos en un impasse.

La Reforma educativa sigue en pie. Veremos cómo sigue el 2018.