En la
conferencia brindada el viernes pasado durante el lanzamiento del Portal
Docentes BA, proyecto creado desde el Ministerio de Educación del Gobierno de
la CABA, Guillermina Tiramonti, docente en FLACSO y la UNLP se refirió a la
escuela secundaria “en la encrucijada del cambio cultural”.
“La
escuela es producto de un determinado momento histórico, como todas las
instituciones. Es un dispositivo creado en la Modernidad en el siglo XVIII (en
Argentina en el siglo XIX), producto de las necesidades de esa época. A partir
de allí hubo cambios culturales y sociales pero las referencias de la escuela
siguieron siendo las mismas de ese momento”, afirma la investigadora. Asimismo,
explica que cambiaron las referencias culturales ya no se puede hablar del
libro como centro del saber ni la lectoescritura como tecnología de base, así
como tampoco de la existencia de un saber universalmente válido y único que
transmite el docente, agente depositario de ese conocimiento absoluto, legítimo
e inapelable.
“Hoy ya
no se puede hablar de conocimiento válido y único. Hay perspectivas diferentes
para dar cuenta y conceptualizar la realidad. Hay multiplicidad de
conocimientos y saberes. Ya no se puede hablar del docente como monopolizador
de ellos”, sostiene. Entonces, la autoridad docente –que se fundó en aquella
época- se ve jaqueada por el panorama actual. “La escuela compite con otras
esferas. Existen muchas palabras autorizadas (los medios, internet). Se puede
hablar de heterogeneidad y multiplicidad de perspectivas. ¿Cómo cambiar el rol
docente y fundamentar su autoridad en este contexto?”, se pregunta. En principio, se observa una gran dificultad
para aceptar esta situación.
La
respuesta que brinda Tiramonti es que se debe dar espacio a la diversidad y a
la confluencia de perspectivas y visiones del mundo que deben ser procesadas.
Ya no hay un saber único por lo cual el docente asume un rol de mediador. A
diferencia del sentido civilizatorio y salvador de la profesión docente de tiempos atrás, que necesitaba la
vulnerabilidad del alumno para darle contención, hoy el sentido de su trabajo
radica en hacer algo útil. Los docentes, en la actualidad, están experimentando
un sinsentido fruto del cambio de época y la sensación de que su labor no es valorada ni
útil. “La pasión para enseñar requiere un plus. Estamos en pleno camino de
reelaboración del rol docente y de su autoridad”, agrega.
“A su
vez, el alumno de la Modernidad cambió. Antes estaba sentado silenciosamente,
atento, asimilando fiel y pasivamente una sola verdad. A esta generación le
toca reinventar el rol docente ante el alumno en la Era digital. Hay un
desarrollo de la Sociología de la Juventud pero falta desarrollar una pedagogía
de esta época. Se debe recrear la escena áulica con otros roles. Además, la
escuela de hoy, con la obligatoriedad de la secundaria, está exigida para la
incorporación de actores sociales que nunca habían asistido a ella, familias
que jamás habían concurrido al nivel medio”, sostiene Tiramonti.
La
docente señala la propagación de analistas culturales y de las ciencias de la
Comunicación quienes señalan la existencia de una nueva generación (x, z, alfa…)
que dialoga con la información y el conocimiento de manera muy diferente a la
basada en la tecnología del libro, que era secuencial y de un dato a la vez. En
la actualidad, el cambio a nivel comunicacional implica la fragmentación, la
velocidad, la simultaneidad, el flash. Frente
a ello, hay visiones “rosas”, que ven el cambio como bueno, y versiones “negras”,
que cuestionan la superficialidad reinante, la falta de reflexión profunda ante
lo aprendido.
Lo
cierto es que hoy se generan habilidades diferentes. Nos encontramos frente a
riqueza de lenguajes, predilección por la imagen. Los jóvenes de hoy tienen
todo –letra, imagen y sonido- al mismo tiempo. Y buscan gratificación, placer, a diferencia
de la Escuela Moderna que planteaba la obligación y el esfuerzo. Antes, lo que
importaba era el deber, y en el cumplimiento mismo de la tarea se hallaba la
gratificación. En cambio, si hoy algo funciona en la educación es porque el
placer está presente: los alumnos disfrutan
de la actividad de los talleres que le proporcionan conocimientos tan
válidos como los curriculares debido a que “nadie quiere hacer un esfuerzo sin
gratificación”, concluye Tiramonti.
Fabiana
Godoy Di Pace
*Guillermina Tiramonti es Licenciada en
Ciencia Política (USAL) y Magister en Educación y Sociedad. Coordinadora
Académica y profesora de la Maestría en Ciecias Sociales con orientación en
Educación de FLACSO, docente en la ULP y consultora para varios organismos
nacionales e internacionales