Yo también quiero decir malas palabras. Eso les dije a mis alumnos. ¿Por qué no? A mí me formaron con la pedagogía crítica, que somos todos iguales, que hay que valorizar los saberes del alumno y comunicarse en su sintonía. ¿Por qué no puedo si ellos lo hacen? Mucha pedagogía crítica, mucho estar en contra de la pedagogía bancaria, mucho rescatar los conocimientos de los chicos, sus valores y necesidades... ¡Y yo no puedo!!!! ¿Donde está la igualdad?-les dije. ¡No es justo! ¡Yo también necesito exteriorizar mi ira! ¡Pero no puedo! Porque, claro, los adultos somos seres pensantes, con control mental y una paz interior a prueba de cualquier joven que coma en el aula con cuchillo y tenedor en el aula sin permiso, mire un partido de futbol por su mp4 sin permiso, interrumpa el desarrollo normal de la clase, no se interese por el francés entonces hable todo el tiempo a los gritos con los demás de cualquier tema, se suban a los bancos, se pinten las uñas, contesten groserías e insultos.
Pero claro, yo no puedo. Si insulto me echan ellos mismos, pues son ellos los que te denuncian a vos, adulto, si dejaste de comportarte como un señorito inglés.
Ustedes dirán, con respecto al párrafo antepenúltimo ¡qué desastre de profesora que no los motiva! Pero no, aclaro, eso me pasó todo junto en una bienvenida a mi primer día de clase. Ahora ya manejo mejor (por suerte para mi supervivencia) el tema motivación. Lo que sí, algún mal educado lanza alguna cosa fuera de lugar, a veces, y me pregunto ¿por qué yo no puedo? O ¿será que no impongo respeto? La culpa es mía, siempre mía, mea culpa, mea culpa. Yo estoy obligada a dar el ejemplo, claro.
Pero quiero que haya igualdad! ¡Cuantas veces ante la impotencia de estar frente a los padres que te quieren escribir una carta al ministerio por haber bochado a su hijo uno quisiera salirse de los estribos y cantarle en criollo las cuarenta. Pero no, no puedo.
Así, los docentes en tanto líderes soportamos una serie de abusos de seres imperfectos que quieren que nosotros seamos perfectos. ¿Para qué quieren que seamos dóciles y perfectos? Para seguir siendo ellos los portadores de todos los derechos frente a un docente cada vez más empequeñecido, dócil, callado y sumiso porque no sabe -o teme- qué violencia social escondida hay detrás de cada alumno.
Mientras tanto, a hacer yoga.
Hola FABIANA,yo se que hay alumnos que te sacan o al menos eso se proponen, a ellos muchas veces no les importa nada y van al colegio a perder el tiempo y a molestar al docente y as sus compañeros, pero considero que vos siempre tenés que dar el ejemplo desde el respeto y mantener la calma, a éste tipo de alumnos les encanta que los profesores salgan de su lugar y se pongan como ellos.
ResponderEliminarBuscá otras estrategias, sancionalos, mandalos a la biblioteca a trabajar o cita a los padres. No sé siempre hay otros recursos.Pero VOS NO TE VUELVAS LOCA, no vale la pena.
te invito a que conozcas mi blog(nodejemosdeaprender.blogspot.com)
"Mientras tanto, a hacer yoga".
ResponderEliminar¡Qué buen final para esta entrada! ¡Já! Y cuánta verdad expresas... Es así, hay muchos momentos en que un insulto se quiere abrir paso, una descarga por la impotencia, por la ignominia que vemos todos los días...
Y, como dice Daniela, "vos no te vuelvas loca"... Tranquilidad... YOGA.