Crónica: “Escribir
sobre las tomas de los colegios secundarios”
Fabiana Godoy Di Pace
Estoy aquí sentada
intentando escribir una crónica. De chica me juré que sería escritora y este es
mi momento. Nunca quise ser reportera porque cuando vas a cubrir declaraciones,
en el tumulto de periodistas te apoyan y te tocan el culo. Además, cuando voy a
cubrir una marcha me emociono y lloro. Siempre lloro. Por eso solo escribo
notas sobre educación en un periódico barrial que me exige solo una nota por
mes, más no me da el tiempo. Y elijo yo los temas, cómo y cuándo. Además, me
doy el lujo de opinar. A veces mis notas hasta parecen editoriales. Pero me
leen sólo los vecinos de Liniers. Y bueno, mientras tanto, me gano el pan
enseñando comunicación y francés. Estudio, escribo y enseño. Soy profesora de
seis colegios, uno de los cuales va a estar tomado por sus alumnos.
¿Por qué no escribir sobre
las tomas? Me dije. Hoy la escuela
secundaria está en crisis, en pleno proceso de transformación. El Gobierno de
la CABA lleva adelante la Nueva Escuela Secundaria (NES) y a partir de 2018,
implementará en algunas escuelas piloto el Plan Maestro, que consiste en un
sistema semipresencial en quinto año, con crédicos y pasantías subrentadas
parte del macro plan de flexibilización laboral y baja en los costos de mano de
obra. Se reformará estructuralmente a las escuelas secundarias. Esto se suma a
la NES, que ya está dejando docentes en disponibilidad –nueva forma de despido
y reubicación. Historia y cívica, por ejemplo, desaparecen. Se modifican las
plantas orgánicas: los docentes deben concentrar sus horas en TP de 12, 18, 24
horas formando algo así como un cargo y asistir a una reunión semanal “taller
de educadores”, donde generalmente no se habla de nada relevante, pero hay que
cumplir horario. Teóricamente el cambio redundaría en mejoras en la enseñanza y
en los aprendizajes de los alumnos. Lo cierto es que el proceso de
privatización a la chilena ya está en marcha: comenzó con las evaluaciones por
escuelas. La idea es generar un ranking de escuelas, las peores serán las más
baratas. Todo esto generando previamente la premisa de su obsolescencia. Como
ocurrió en los noventa con los servicios públicos, primero se convenció a la
gente de que daban pérdida, luego se los privatizo. Con las escuelas va a pasar
algo similar: primero se genera una conciencia en la población de que esto no
va más, luego se insta a que todos colaboren un
poquito, con una ínfima cuota de ayuda a la educación y ¡pum!, el
sistema ya está privatizado.
Tuve que hacer una nota para
el periódico barrial este mes sobre el colegio tomado Yrurtia, de Mataderos,
donde por suerte no trabajo. El ambiente allí es un horror. Cuando fui, las
autoridades me echaron con amenazas. Si escribía que ellos estaban adentro
durante la toma me denunciarían. Está prohibido que los docentes estén en un
colegio tomado. Se cumple horario en otro sitio. Nadie me puede amenazar
coartando mi derecho humano a la libertad de expresión. Sin embargo, me asusté.
Soy muy asustadiza. Ninguno de los docentes de adentro me quiso dar ninguna
opinión. La vice no me quiso dar su nombre. La alumna Jimena, del Centro de
Estudiantes fue la única que me contó las razones por las cuales tomaban: oponerse
a la reforma y lograr que se cumpla la ley de educación sexual. Luego, agregó
que el otro día les había sonado la alarma de madrugada, activada por váyase a
saber quién desde la calle y no supieron qué hacer. Eso fue todo lo que me
contaron. Me quedé en la puerta del Yrurtia a ver si conseguía otro testimonio.
No hubo caso. No pude escribir más que un par de párrafos sobre la toma. No tenía nada.
Día 2
Estoy en sala de profesores
tomando mate con los demás docentes del Cortazar, el colegio donde trabajo. Es
jueves. Alguien nos avisa que el recreo se alarga porque hay Asamblea del
Centro de estudiantes. Decidirán si toman. Nos miramos unos a otros y empezamos
a emitir opiniones. “A los que más nos caga la reforma es a nosotros, y los
chicos son los que están tomando las riendas. Con los facilitadores se destruye
la carrera docente”, dice Maxi. “¡Gente vayan a las aulas que no pueden quedar
chicos solos!”, entra la rectora gritándonos. El de matemáticas sale. Al rato
vuelve. “Les dije que les iba a explicar algo y resolvieron que mejor bajaban a
la Asamblea”. “Es mejor que participen”, subraya Cora.
En la Planta baja están
todos los alumnos sentados al estilo indio, levantando la mano uno a uno,
democráticamente. Se escuchan sus voces, gritos y murmullos.
Se decide la toma. Ahora sí.
Intentaré escribir sobre el accionar de mis chicos. Los voy a seguir lo más
cerca que pueda, desde mis posibilidades y mis limitaciones.
Día 3
El supervisor nos ordena que
vayamos a firmar a la sede de Supervisión en nuestro horario. Por suerte, a
diferencia de las otras dos tomas del 2012 y 2015, en las cuales me quedé sin
vacaciones de invierno, ahora no tenemos que cumplir horario. Así que disfruto
de mis merecidas vacaciones. Me voy al gimnasio o a nadar, me compro ropa,
paseo. Sólo estoy trabajando en el liceo, el único que no tomó ni tomará. Los
veo un rato a los chicos, me saludan y yo la llamo “la venganza del pendejo”
porque sienten un orgasmo cuando me dicen que se posterga la prueba que hay
reunión del centro.
Día 4
Hoy justo es la marcha. No
fui. Como dije, no sirvo para eso. Recuerdo que cuando hice las observaciones
para el profesorado, justamente en el Cortazar, las conclusiones a las que se
llegaban era que se trataba de un ámbito para socializar, hacer amigos,
conversar, sentirse reconocidos, formar parte de un grupo, aprender sus
derechos y, por sobre todo, a luchar. Este colegio es un semillero de
piqueteros. Los admiro. Mis chicos tienen más fuerza que yo para hacerse valer.
El cambio que se viene está cortado con la tijera de quienes pretenden gobernar
para pocos.
Pasé por mi secundaria durante
la época de Alfonsín, recién salida la dictadura, por eso quizás me llama la
atención su espíritu de lucha. Creo que mañana iré a visitarlos de paso que voy
a ver a mi mamá. La primer mitad del año me la pasé yendo a las guardias cuando
la internaron por la quimioterapia. Con su cáncer de estómago y colon, vi su cercana
muerte de cerca. Quizás por ello, además de no estar trabajando, me siento en
un limbo.
Dia 5
Esta mañana fui a llevar
unas botas al zapatero, en el centro de Liniers y estaba nada más ni nada menos
que el principal impulsor de la Reforma educativa, el jefe de Gobierno de la
Ciudad de Buenos Aires, Horacio Larreta, en la esquina de Carhué y Ramón Falcón,
en una visita relámpago al barrio. Lo rodeaban unas treinta personas en el
stand con sombrilla y globos multicolores. Siempre el PRO me hace acordar al
Pinocho de Colodi, la parte en que los humanos son llevados al parque de
diversiones antes de convertirlos en asnos. Muchos lo felicitaban, la mayoría
le sacaba fotos a él o con él.
Yo estaba comiendo uno
yogurt de limón y no sabía con qué mano agarrar mi celular para lograr
fotografiarlo y mostrárselo al grupo wattsapp de colegas. En un momento puedo
hacerlo y lo comparto diciéndoles ¿Qué le pregunto? Quería aprovechar esa
oportunidad para escucharlo de frente. “Nada”, me dice Maxi, “es como hablarle
al verdugo antes de morir”. El resto no daba señales.
Me acerqué, pensé en una
pregunta neutral. Estaba lleno de cámaras e inmediatamente me empezaron a
filmar cuando me le acerqué. No era muy alto y era más feo en persona. Pero me
miró a los ojos. Un ser mediático me estaba mirando a los ojos.
-¿Qué opina de la marcha de
ayer? –atiné a preguntarle
-¿En qué sentido? -respondió
seguramente a la defensiva por si se venía una réplica opositora
-Solo eso –le dije- ¿Qué
opinión le merece?
-Estamos de acuerdo con que
se manifiesten pacíficamente, pero no con las tomas
-¿La reforma la va a
implementar igual?
-Si –afirmó.
-¿Va a escuchar a los chicos
e informar cómo serán los contenidos?
-Ayer mismo los enviamos- y
me miró con una sonrisa- La secundaria tiene que cambiar -sentenció.
Minutos antes se le había
acercado un vecino para repudiar las tomas. No supe qué decir. Yo comparto que la
secundaria así no va más. Pero también recuerdo que la decadencia comenzó con
Desibe durante el menemismo y que durante estos últimos diez años no hizo más
que empeorar. Lástima que el cambio venga desde el ala neoliberal. Se viene la
privatización a la chilena, tal como Macri lo prometía en 2005 cuando se
candidateaba, yo lo estudiaba en el profesorado. No me gusta para nada esto. La
educación está en jaque.
Día 6
Estoy en el colectivo camino
al colegio tomado. Tengo un poco de miedo. Entrar en una especie de no ley, que
me vea alguien. Soy paranoica, si. Como los chicos algo de ternura me
despiertan, les iba a llevar fideos y una caja de Bonobon, pero me acordé que los docentes tenemos prohibido darles
alimentos a los alumnos por el Reglamento escolar: se llega a descomponer
alguno, kilombo que se me arma.
En el colectivo, pongo
atención a los viajantes. Hay una chica de no más de veinte años sentada frente
a mí, con la mitad de los mechones de pelo verde y el resto de la cabeza
rapada, aritos que son clips para las hojas. Me hace pensar en la adolescencia,
en mi tesis de licenciatura sobre la adolescencia. En mi análisis semiótico del
enunciatario adolescente de Los Simpson
que hice hace veinte años. En mi promesa de trabajar con adolescentes, entender
sus contradicciones, sus críticas a la sociedad y, por sobre todo, disfrutar de
su mirada lúdica ante la vida y asistir a su segundo nacimiento. Porque
Françoise Dolto dice que en la adolescencia se nace por segunda vez, pero en
este caso, a la verdadera identidad. La identidad que se tendrá por el resto de
la vida. Y a mí me fascina ese momento de elegir el primer empleo, la primera
pareja y la primera asomada al mundo para cuestionarlo y elegir desde dónde
pararse. Por eso quiero tanto a mis chicos del Cortazar. Si bien a veces los
mataría porque estudian muy poco, les admiro su valor, su espíritu de lucha.
Pichones de piqueteros-huelguistas-marcheros.
También en el bondi se ven colombianos
llevan pilas de maples de huevos que compraron en Liniers a los bolivianos. No
sé cómo pueden desayunar huevo y seguir comiendo huevos durante todo el día.
Deben tener el colesterol por las nubes. Ya bajé. Ellos no saben que los voy a
inspeccionar. Dios me ayude.
Dia 7
Voy por Condarco, la calle está
repleta de centroamericanos que beben cerveza al ritmo de la lambada y la
bachata, obreros que salen de los talleres clandestinos o de algún otro
emprendimiento, negros con su oropel, linyeras con perros vagabundos, vecinos
peruanos baldeando la vereda, un morocho arrestado por tres policías, la puta
de siempre en la misma esquina solo que ahora está teñida de rubio, más gorda y
con su culo más chato. Hay muchas negras cabezas teñidas de rubio y machitos cabezas
con ese corte semirapado de los jerarcas nazis que está de moda ahora.
Cruzo la vía. En la puerta
del colegio hay una gran bandera pintada con aerosol “colegio tomado, no a la
reforma” y unas cuantas cartulinas que dicen “Le decimos no a la reforma
antieducativa”, “Es inconsulta exigimos participación”, un afiche de Ademys
proclamando paro el 22/9, “Macri gato”, “Por un protocolo contra la violencia
de género”, “Luchando por nuestra educación”, “No a la presencia de fuerzas de
seguridad en las escuelas”, “implementación ESI ya”. La puerta para entrar tras
las rejas amarillas tiene una flecha para los que no son del colegio, hay que
golpear, los vidrios están tapados con cartones.
Son las 16 horas. Me abre
una jovencita con expresión de aburrida. Está haciendo la guardia en la puerta.
Anota mi nombre y empiezo a buscar a mis alumnos. No veo a nadie. A la
izquierda del hall hay una mesita con un TEG y un mate, borraron el cartel
institucional del colegio y anotaron pautas organizativas sobre los turnos, hay
cartulinas que detallan los nombres del “comité de seguridad”, “comisión de
cocina” y el “comité de limpieza”, otro cartel dice “aportes necesarios”, que
describe las donaciones. Se deduce que están muy organizados. Pero ahora hay pocos
alumnos. Los delegados se fueron a la reunión de la coordinadora de base de los
centros de estudiantes, el resto se fueron un rato a sus casas. Y a recordar
que tienen casas. En eso se me acerca Feldman, mi exalumno que jamás leyó una
página de lo que mandaba leer y terminé regalándole la nota para no verlo más
en diciembre. ¿Cómo estás?, le pregunto. “Me quiero matar”, responde. ¿Qué te
pasa? “No sé, no sé nada”. Me da la sensación que está como yo en un limbo.
¿Qué vas a estudiar cuando termines ahora quinto?, pregunta de docente
preocupado por su futuro. “No sé qué hacer si psicología, diseño o
arquitectura”. “Hace lo que quieras, le respondo, pero ahí vas a tener que
estudiar”. Y le guiño un ojo.
Luego sigo caminando y me
recibe Susana, la mamá de una alumna mía de periodismo, Camila. Ella se encarga
de cocinarles. Veo la “cocina” improvisada con unas cuantas mesas, algunas
pegadas a las paredes y otras que operan como mostrador. Están atosigadas de
frascos (café instantáneo, leche en polvo, te, sal, etc.) y botellas de aceite,
vinagre, cajas de fideos, bidones de agua vacíos y llenos, ollas sucias, pavas
eléctricas, hornallas eléctricas. En una olla queda un resto de lo que comieron
hoy: papoquia de arroz.
Me cuenta que el resto de
los alumnos se fueron a sus casas a bañarse. En el patio tres ex alumnos juegan
al futbol. A los ex alumnos les tienen prohibido quedarse a dormir. En uno de
los arcos improvisaron una hamaca paraguaya donde un pibe se mece. Angeles, una
vecina, está pintando un mural en la pared con unos alumnos. Otro grupito está
lavando la parrilla oxidada porque esta noche comerán pizzas. Un par de chicas
escuchan música con los parlantes de la escuela en el escenario. Hay mochilas
tiradas y colchones, mucha ropa mezclada. Parece un campamento. “Profe mejor no
suba, me dice Feldman, ese es el sector telo”, señalándome un hueco de la
baranda de cemento que hace de palco.¡Chimi!, le grito a otro ex alumno que
está peloteando. No me escucha. Le vuelvo a gritar. ¿Qué hacés? “No sé”, me
responde. “¿Qué van a hacer después?, insisto. “No sé”, responde como si
estuviera en el limbo.
Los pizarrones de la entrada
operan como anclas de sentido: marcan las reglas de convivencia, imponen
rutinas que los sostienen y prohibiciones. Un pizarrón escrito en tiza dice:
“no drogas, pucho patio, no alcohol, solo duermen estudiantes, colillas al
tacho, ensuciaste limpiá, puertas abiertas de 8 a 23, a las 23 no música, no
pelota, no gritar”. Otro pizarrón lleva el cronograma de actividades. Sábado:
14h mural, 17h volanteada, 19h charla por la despenalización del aborto.
Domingo: 17:30 reunión con la comunidad educativa. Lunes: 16 h comisión de
género e identidad sexual, 18h volanteada. Martes: 14h Parque Centenario, 16:20
intervención en las primarias.
Cuando me estoy yendo, los
de la puerta me invitan mañana a las 17:30 a la una reunión para toda la
comunidad educativa donde decidirán si sigue la toma o si levantan todos los
colegios a la vez, quedando en alerta. Me voy al gimnasio. Pero ahí no me puedo
sentar a escribir porque es mucho el barullo de todos los que salieron de jugar
su partido de fin de semana. Subo a la sala de máquinas y me siento en una para
tomar nota de lo que me acuerdo. Algunos me miran de reojo. Ahora me enchufo al
escalador.
Día 8
Es domingo. Me llega un
wattsapp del grupo del Cortazar que informa lo que la Coordinadora de
Estudiantes de Base ya decidió hacer durante la semana que viene. La asesora
tutelar Lopez Oliva se expedirá por la causa que se extiende a todas las
escuelas: las tomas podrían volverse ilegítimas ya que como figura legal no
existen. Por su parte, los estudiantes pedirán al juez que se suspenda la
aplicación de la reforma en tanto no haya colegios tomados. El lunes se
concentrarán frente al Ministerio durante la primera reunión regional y
presentarán un documento que explique por qué consideran que las medidas dadas
por el Gobierno no son instancias de diálogo. Los alumnos deciden levantar las tomas
en un cuarto intermedio todos a la vez para propiciar el diálogo. Por ahora,
entramos en un impasse.
La Reforma educativa sigue
en pie. Veremos cómo sigue el 2018.
Excelente reseña de la actualidad en el mundo docente, profesora. En especial el análisis sobre las causas y objetivos de la Reforma. Saludos cordiales
ResponderEliminarLa verdad me da mucha lástima que haya docentes que apoyen la militancia del centro de estudiantes. No es obligación del estudiante cortar calles o tomar escuelas, sobre todo cuando esto último se votaba a mano alzada y, convenientemente, era el centro el que contaba los votos. Si a eso vamos a llamar "democracia" entonces después no nos quejemos de la decadencia de la educación pública ni de que los chicos salen sin saber conocimientos básicos.
ResponderEliminarYo no estoy a favor de lo que hacen los estudiantes. Más bien sobrevivo a ello y a las políticas que desde los 90 destruyeron el sistema educativo vaciandolo cómo a los servicios públicos para privatizarlos. Mira hoy la que se viene con los vouchers
ResponderEliminarNo invertir casualidades. Si los alumnos actúan así es porque unos burócratas de escritorio hicieron lineamientos ineficientes en contra del interés comun
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