Mis alumnos me vuelven loca

Crónicas de una docente de media. Fabiana Godoy Di Pace

domingo, 9 de junio de 2013

Conferencia Guillermina Tiramonti


En la conferencia brindada el viernes pasado durante el lanzamiento del Portal Docentes BA, proyecto creado desde el Ministerio de Educación del Gobierno de la CABA, Guillermina Tiramonti, docente en FLACSO y la UNLP se refirió a la escuela secundaria “en la encrucijada del cambio cultural”.

“La escuela es producto de un determinado momento histórico, como todas las instituciones. Es un dispositivo creado en la Modernidad en el siglo XVIII (en Argentina en el siglo XIX), producto de las necesidades de esa época. A partir de allí hubo cambios culturales y sociales pero las referencias de la escuela siguieron siendo las mismas de ese momento”, afirma la investigadora. Asimismo, explica que cambiaron las referencias culturales ya no se puede hablar del libro como centro del saber ni la lectoescritura como tecnología de base, así como tampoco de la existencia de un saber universalmente válido y único que transmite el docente, agente depositario de ese conocimiento absoluto, legítimo e inapelable.

“Hoy ya no se puede hablar de conocimiento válido y único. Hay perspectivas diferentes para dar cuenta y conceptualizar la realidad. Hay multiplicidad de conocimientos y saberes. Ya no se puede hablar del docente como monopolizador de ellos”, sostiene. Entonces, la autoridad docente –que se fundó en aquella época- se ve jaqueada por el panorama actual. “La escuela compite con otras esferas. Existen muchas palabras autorizadas (los medios, internet). Se puede hablar de heterogeneidad y multiplicidad de perspectivas. ¿Cómo cambiar el rol docente y fundamentar su autoridad en este contexto?”, se pregunta.  En principio, se observa una gran dificultad para aceptar esta situación.

La respuesta que brinda Tiramonti es que se debe dar espacio a la diversidad y a la confluencia de perspectivas y visiones del mundo que deben ser procesadas. Ya no hay un saber único por lo cual el docente asume un rol de mediador. A diferencia del sentido civilizatorio y salvador de la profesión  docente de tiempos atrás, que necesitaba la vulnerabilidad del alumno para darle contención, hoy el sentido de su trabajo radica en hacer algo útil. Los docentes, en la actualidad, están experimentando un sinsentido fruto del cambio de época y  la sensación de que su labor no es valorada ni útil. “La pasión para enseñar requiere un plus. Estamos en pleno camino de reelaboración del rol docente y de su autoridad”, agrega.

“A su vez, el alumno de la Modernidad cambió. Antes estaba sentado silenciosamente, atento, asimilando fiel y pasivamente una sola verdad. A esta generación le toca reinventar el rol docente ante el alumno en la Era digital. Hay un desarrollo de la Sociología de la Juventud pero falta desarrollar una pedagogía de esta época. Se debe recrear la escena áulica con otros roles. Además, la escuela de hoy, con la obligatoriedad de la secundaria, está exigida para la incorporación de actores sociales que nunca habían asistido a ella, familias que jamás habían concurrido al nivel medio”, sostiene Tiramonti.

La docente señala la propagación de analistas culturales y de las ciencias de la Comunicación quienes señalan la existencia de una nueva generación (x, z, alfa…) que dialoga con la información y el conocimiento de manera muy diferente a la basada en la tecnología del libro, que era secuencial y de un dato a la vez. En la actualidad, el cambio a nivel comunicacional implica la fragmentación, la velocidad, la simultaneidad, el flash.  Frente a ello, hay visiones “rosas”, que ven el cambio como bueno, y versiones “negras”, que cuestionan la superficialidad reinante, la falta de reflexión profunda ante lo aprendido.

Lo cierto es que hoy se generan habilidades diferentes. Nos encontramos frente a riqueza de lenguajes, predilección por la imagen. Los jóvenes de hoy tienen todo –letra, imagen y sonido- al mismo tiempo.  Y buscan gratificación, placer, a diferencia de la Escuela Moderna que planteaba la obligación y el esfuerzo. Antes, lo que importaba era el deber, y en el cumplimiento mismo de la tarea se hallaba la gratificación. En cambio, si hoy algo funciona en la educación es porque el placer está presente: los alumnos disfrutan  de la actividad de los talleres que le proporcionan conocimientos tan válidos como los curriculares debido a que  “nadie quiere hacer un esfuerzo sin gratificación”, concluye Tiramonti.

                                                                                                                                                                                                                                           Fabiana Godoy Di Pace

 

*Guillermina Tiramonti es Licenciada en Ciencia Política (USAL) y Magister en Educación y Sociedad. Coordinadora Académica y profesora de la Maestría en Ciecias Sociales con orientación en Educación de FLACSO, docente en la ULP y consultora para varios organismos nacionales e internacionales

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