Ayer renuncié al a nocturna y cometí un grave error.
Si bien por escrito puse "razones particulares", cometí el error de contarle al director que me iba porque el curso era muy heavy (ruidos de eructos y flatulencias cuando les leo literatura, comentarios personales en medio de la clase, distracción, desinterés, falta de respeto de toda índole).
¿Qué hizo el colega mientras fui a secretaría a firmar los papeles? Lo llamó al alumno supuestamente culpable (al cual él mismo le tenía ganas desde hacía un tiempo) y lo suspendió por tres días alegando mis dichos, como si yo se lo hubiera pedido. Lo que no era cierto.
O sea: me mandó al frente. Y mal.
Como consecuencia, cuando me estaba retirando, el muy poco hombre, que necesitó usarme para lograr su deseo de sanción (sanción que yo nunca pedí y que me hubiera gustado recibir otro tipo de ayuda EN EL MOMENTO DE LA CLASE -momento en el que nunca me ayudó ni estuvo) me llamó y me dijo: "mejor no salga profesora, que el alumno fulanito está en la calle muy violento y la está esperando a usted para descargarse".
Fue de terror. O sea, encima que renuncio ¿me voy a ir con este paquetito? ¿tengo que llevarme este recuerdo de la institución siendo que fui sincera y hablé de frente con ese señor?
Era lo que me faltaba: una amenaza
Finalmente lo que hice fue salir a la calle sin miedo (porque eso es lo que nos quiere impulsar el sistema de relaciones sociales, ya casi perversas, de los colegios, donde están en crisis los roles y ni los directivos saben qué hacer muchas veces).
Me defendieron los compañeros del curso. Tuve que devolverle la pelota al directivo y decirle al joven violento que yo no había pedido tal sanción (algo cierto). Entonces el pibe me pidió que volviera a entrar para defenderlo y le sacaran la suspensión (el mismo matón que me saboteaba las clases y me hacía la vida imposible desde el asiento del fondo, ahora resulta que no podía defenderse solo y que me necesitaba justamente a mí para que lo defendiera, otro cagón). Es decir, lo que me estoy preguntando aquí también es dónde han quedado los hombres, los valores, el respeto a la mujer (casi me pega de no ser por los compañeros), a qué punto hemos llegado, cuál es mi lugar, mi rol, mi estabilidad, mi seguridad...
Le contesté: "¿vos perdiste tres días por la suspensión? Yo, por el maltrato que me diste mientras intentaba leerte la novela en clase para no darte tarea -porque no la lees en tu casa- me acabo de quedar sin empleo"
Y me fui, sin las vacaciones pagas, sin las horas que tanto me costó conseguir en el acto publico, sin el colegio que me quedaba a cinco cuadras de mi casa y la frustración de no haber podido compartir mi vocación: enseñar literatura"
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